Ignavi coram morte quidem animam trahunt, audaces autem illam non saltem advertunt

enero 28, 2012 by

Del provocar y del transgredir se ha hecho marca, “business” e institución publicitaria.

Se borra en negrosangre así el genio creativo, que ya sólo sabe deambular combinando malas coreografías y arengas mil y una vez aburridas, mil y una vez digeridas, mil y una vez somnolientas.
Patrias asépticas. Animales ociosos, afeminados en su mayoría y castrados de orgullo todo. Animales neuróticos y adalides del honor canalla. Analfabetos morales por defecto e iletrados por propio mérito.

Las librerias son hoy recetarios, patético símbolo de una sociedad sociópata.

Discotecas llenas de bajas autoestimas y palabras que no valen ni un escupitajo. El librepensamiento y la opinión son clichés prefabicados por la caja tonta. Nada nuevo como novedad, esterilidad petrificada, y así me queda vivir el largo invierno de Occidente.

La Felicidad como ideología tiene serios problemas de dignidad.

Guerra espiritual.

La historia tiene muchos modos de regalar el derecho a la beligerancia. La palabra crisis es el primer calzador, la primera oportunidad.

Agrandar la herida con saña, ahogar a la Bestia.

Siempre sonriendo. Es lo mínimo que podemos ofrecerle a la posteridad.

Y que exista el cielo ….. pese a que se nos abalance inexorablemente.

Memorias del este

enero 27, 2012 by

Para quienes no estén acostumbrados a leer obras de autores vivos-como quién ésto escribe- y a quienes complazca adentrarse en autobiografias interesantes, contadas desde el meollo de la acción recomendamos este libro. Educación siberiana  no está escrito con excesiva pericia literaria pero si que está dotado de algo importante como la honestidad y el orgullo ancestral. El autor nos acerca de primera mano a conocer los valores, las costumbres, detalles, tradición y cultura de su comunidad-los urkas- quienes poblaban la Rusia soviética, enfrentándose a la misma desde el crimen y que devinieron  víctima y púgil a la par del Estado y de la policía.
Nikolai Lilin hace un retrato de una sociedad que admira el honor, respetuosa con los ancianos- a los que los urkas dotan explícitamente de autoridad moral y legislativa- una comunidad religiosa, que protege a la familia y que se rige por sus propias leyes, leyes antiguas, duras y de una maravillosa incorrección política, como todo lo que respira autenticidad, vocación de pureza y realismo.
Recomendado queda el best-seller. A propósito del autor, es el único testimonio escrito de esta cultura, una buena ocasión para ver desde la “cercanía” a una comunidad no domesticada, de marcada identidad y que no arrincona las palabras sacrificio, obediencia y libertad sino que las integra en mayúsculas en su tejido doméstico, ontológico y cotidiano.

Educación siberiana“   de Nikolai Lilin (Educazione siberiana en original)

 

Entretejidos en un tiempo ucrónico

enero 23, 2012 by

Respiramos el aliento de nuestros antepasados, su aire expira por cada una de nuestras bocas y las inspiraciones que hacemos llegan a sus muertos pulmones. En en el vivir cotidiano de cada uno de nosotros viven ellos, los ancestros, los progenitores, los padres. Tu corazón bombea la sangre que corre a través de tu descendencia, progenie no nata cuyos corazones sincronizados con el tuyo, con el mío, a través del mar del tiempo laten vivos en la eternidad. Somos el punto de encuentro entre pasado y futuro. Somos la realidad múltiple que ha de estar a la altura del cometido más importante y que no es otro que la transmisión del hecho de ser humano.

Sin la trascendencia, sin la idea del más allá de lo que nuestros límites físico nos demarcan, no podemos servir al horizonte. El enrocarse en un presente inconexo supone una malformación espiritual. Un quiste abstracto que impide cumplir la función. Servir de legado. La importancia de ser legado. Ser transmisores de la herencia que recibimos y que hemos de canalizar. Esperando, a sabiendas de que no habrá una respuesta satisfactoria, qué hemos de canalizar y confiando que habremos hecho todo lo necesario. La tragedia de nuestra ocupación es no saber si estaremos a la altura, si no podremos alguna vez estarlo, si habrá alguna posibilidad.

Pero no debemos dejar de arriesgarnos. La pequeña pregunta que hemos de plantearnos es si este deber, presupongamos que sagrado, es único en unos pocos, o es deber del conjunto que vive gozoso en el prado de inopia. Yo sueño con una tarea compartida, que de lo terrible que resulta como carga, hace callar a todos y nos empuja a pensar en el aislamiento como respuesta. Y aunque crudo es vivir en el silencio. Y aunque sintamos como si un invierno se hubiera apoderado de nuestras almas fugaces y la eternidad que compartiésemos solo pudiera ser vivida en el sueño individual y jamás en la vigilia de la fraternidad. Y aunque sospechemos que el poder perpetuarse colectivamente para perpetuar el mito sea una entelequia…

Solo queda sentir la carga con honor. Y cargar la tortura del placer y la satisfacción del obrar seguro. Y lo que parece sagrado es solo parecer. Y solo puede quedar lo sagrado.

Relato: A vueltas con el mostruo : Encuentro entre actores

diciembre 21, 2011 by

Solía musitar maldiciendo en un característico tono grasiento, agrio e impertinentemente agudo. Lo agudo de su timbre era inversamente proporcional al ingenio que destilaba, del qué acusaba una absoluta carencia.
Gozaba sin reservas ni ahorro de embriagarse en densas conversaciones en qué se sentía partir con su nave imaginaria aligerada de frustraciones, con su corazón al timón, rumbo a la utopía.
Le conocía. Le desconocía si mas no, menos poco que a muchos, ello sin quererlo, y a pesar del rumor de arcadas que me generaba su proximidad en cualquier aspecto imaginable. Era él sociable. Un tipo sociable, en el sentido de que buscaba su apoyo en el baño público, en un gesto de cero exigencia para consigo mismo. Supongo que nunca conoció nada parecido al honor. Era hablador, pero carecía de toda seducción hipnótica hacia terceros, de erotismo alguno en su oratoria, vendía con facilidad sus posiciones y realmente parecía apasionado si le oías como hablaba de revoluciones, de “nosotros”, de él, de las conquistas por devenir… de la estrella bienaventurada de los parias.

La pasión por el verbo.
Si he de ser franco, no hubiera apostado por un encuentro ni cruce alguno entre nuestras personas en ningún remoto devenir, incluso en el caso de tener que vivir infinitas vidas de coincidencia existencial. Jugábamos en ligas distintas. Hubiéramos podido ser enemigos pero claro, carecía de honor. Cualquiera no es mi enemigo. La misma lógica aristocrática aplico a la hora de definir mis amistades. Como casi todo, es una cuestión selectiva. El que no selecciona, o no es consciente de hacerlo, ha renunciado al ejercicio de la autoridad más libre sobre las riendas de su vida.
Yo siempre solía desplazarme a pie y con un libro bajo el brazo, creo que gestos tales siempre son definitorios, declaratorios, a banda de la importancia de la lectura.
El libro es excelente como ornamento estético y suele insinuar virtud. Siempre me ha gustado aquello de que el libro es la espada del espíritu, pues permite darse -darme- un aire de sofisticación a quienes imaginamos a nuestros santos siempre con espadas.

Me parece que hace poco se había trasladado a pocas calles de mi casa. En cierta ocasión parecióme verlo, al salir yo del gimnasio. Habían acontecido pero algunos años ya desde que coincidiéramos siendo rapaces, coincidencias quede claro, siempre casuales y remotas. Siempre me he procurado certera capitanía en lo que respecta a causalidades.
Causalidades si, …. pero casualidades, cada vez más, las justas.

Con sinceridad, y dígolo con placer, yo no había cambiado, acaso de manera muy matizada. Mi característica mandíbula, mis ademanes viriles, mis convicciones materializadas en el ejercicio y la escultura del cuerpo…. Mis obsesiones que tintaban mi personalidad. No en vano, lecturas nietzscheanas y la voracidad de experiencias, así como una instintiva fijación por ser autosuficiente, me habían conducido a la conclusión de que mi mejor puente con el mundo, era un cuerpo sano, enérgico, que declarara vigor desde cada centímetro.
Esta es mi coherencia. Con estas pautas creía estar manteniendo una relación ética hacia los demás, y obviamente hacia mí. No hacía sino preocuparme en cumplir los mínimos requisitos estéticos, qué son siempre también morales, que creía cabía esperarse en un ser humano.

Me explico. Ser humano es algo que nunca resulta ser por definición aquello que es bípedo y llámanlo las más de las veces persona. Obviamente, mi asiduidad al gimnasio, relativamente obsesiva, respondía también al placer intrínseco del ejercicio físico. Yo jamás podía haberme encontrado con mi antigua coincidencia bípeda, el chico de las asambleas en un lugar semejante a un gimnasio, está claro, pues él no podría mezclarse en espacios de tal frivolidad, espacios en los que sujetos se exponían voluntaria y disciplinadamente al esfuerzo y sufrimiento, en pro de cosa tan vacua y efímera como era el cuerpo o la belleza.
Él no era un tipo superficial.
No sé si el asunto de los gimnasios le debía de parecer más insolidario, narcisista, pueril, o quizás delictivo. Pensándolo con detenimiento, y ya que se trataba de un tirano blasfemo resentido contra el espejo, seguro que le parecería delictivo, prohibir y castigar puede ser un morboso placer para los insatisfechos orgullosos y celosos de su bilis revolucionaria.
Vuelvo a recordarle de nuevo, en un ejercicio de memoria, y sigo sin poder decir que realmente me ofendiera en un orden particular o específico, tampoco me la jugó, no me hizo nada. La categoría de su impertinente estampa pertenecía a cierta manifestación cósmica, una suerte de oscuridad que planeaba en aquello de qué participaba o se implicaba.
No tardamos en vernos, de un modo muy sutil, ese en el que te reconoces recíprocamente sin esfuerzo, el mismo poco esfuerzo con el que acto seguido te ignoras y prescindes de cordialidades mecánicas. Probablemente, recordando, y apostaría a que acierto en ello, su mueca despreciativa hacia mi y mis amigos era más personal y menos metafísica que mi repugnancia hacia él. Detecto con suma facilidad ese tipo de sentimientos en terceros, esa mirada condenatoria y de enemistad, de enemistad acomplejada.    Probablemente le sublevaba mi simplicidad conservadora, mis formas algo dictatoriales en esquema y discurso, la naturalidad simpática en que me desmarcaba de ese club asambleario, de esa predecible comunidad gregaria y jubilosa a la que se debía y entregaba, probablemente por una cuestión de deficiencia de autoestima.

Los dioses iban a ser espléndidos y le procurarían su oportunidad de escupirme. Y la de sentir la vida palpitando entre sus jugos por una sola vez, de una vez por fin.

Yo salía desde adolescente con la misma chica, y en unos meses iba a tomarla como esposa, por lo qué acudíamos ella y yo puntualmente a unas charlas prematrimoniales con el padre de la parroquia, el padre Joan.

En una de estas citas, saliendo de la parroquia, me encontré con un enjambre de bípedos, en expresión desafiante y agresiva, a los que alguna reivindicación les llevaba a las puertas del templo.

No soy un fanático, pero respeto el sentido y las formas que remiten a lo espiritual. Aquella escena me sublevó. Mi futura esposa, que me conocía como nadie, me agarraba fuerte la parte superior del brazo, preocupada, precavida. Me quedé en la puerta petrificado, y mirándome con todo aquel tropel, e intentando ser razonable, procurando hallar justificación a una escena tan grotesca. Me quedé en el intento de hallar razonabilidad, y al poco, cuando mi atención se reposaba ya en la muchedumbre, descendiendo de la altura de la reflexión descubrí a ese personaje de mi juventud, con quién sostuve la mirada sin poder reprimir una desacomplejada carcajada.

Acto seguido le señalé, para que se sintiera homenajeado. Estaba frenético, tomó un megáfono y me insultó, nervioso, protagonista, era como nunca, el protagonista de la película. Fue mi gesto humanitario del día. Volví a reír, sin dejar de señalarle, haciendo unas muecas infantiles. Me divertía como un crío y no ayudaba a sosegar el ambiente el hecho de ser yo una persona poco vergonzosa. Mi novia estaba nerviosa, supongo que desde fuera este teatro no sugería comedia.
Ahí estaba el monigote, con su cara de virgen musitando con sus compañeros mientras me miraba irritado, ofendido.

Dos chavalillos subieron por los escalones y se abalanzaron sobre mí tirándome al suelo. En medio de toda aquella fiesta ordené a mi chica meterse dentro. Los chicos estaban fuertes, me inmovilizaron muy rápido, pero empecé a morderle con saña la yugular a uno, sin dejar de darles codazos, y me dejaron en paz. Me levanté de nuevo, en actitud arrogante y obstinada.
Será difícil de creer, pero quienes estaban saben que volví a mirarme al amiguete, riéndome nuevamente sin contemplaciones, extendiendo los brazos con la palma abierta hacia el foro. Algunos de sus co-manifestantes  ya le llamaban coreándole para que se acercase a mí, y mi risotada iba rebajando intrigada y expectante.

Finalmente salió, aunque me dio la espalda profiriendo un extraño discurso. Me acerqué decidido y le arrebaté el megáfono pues ahora aquella estampa era de un ridículo insostenible, y acercándoselo a la oreja dije: – patán, me estoy enfadando, tu vienes con la banda, con tu manada, pero Dios y yo somos mayoría.
Ipso facto llegaron un par de dotaciones de policía local, y aquél bípedo perdió la oportunidad de ser un hombre. Mi novia me interrogaba sobre mi estado, y a mi sólo se me ocurrió decirle que estaba decepcionado.
-Estás loco- me dijo con el rostro desencajado

Unos versos de Cirlot …

diciembre 16, 2011 by

Piedras como rodillas tibias,
hierbas como cabellos rubios,
cielos como brazos de cielos.

Nace el amanecer como lo negro.
En las miradas siempre vuela el nunca.

Las ruinas de las runas en la roca
hablan de que yo estuve en este mundo,
donde el mar y la tierra de las nieblas
se funden y confunden.

La vida era una ausencia inagotable,
un laberinto de serpientes grises,
un pantano de rosas tenebrosas.

La cruz de las hogueras se ha deshecho,
las ruinas de las joyas se estremecen.

Se acerca el cementerio con los ojos
inundados de lágrimas.

Toma mi oscuro anillo inmemorial.

Mi armadura deshecha se deshace
y de sus mallas muertas salen fuegos
azules, Bronwyn; puedo verlos, tiemblan.

Tiro el guante de hierro, soy tu siervo.
El mar que me acompaña por un mar
de sombra se deshace en el vacío.

Estoy cansado de estar muerto y ser.

Toma mi oscuro anillo inmemorial.

Mi armadura deshecha se deshace
y de sus mallas muertas salen fuegos
azules, Bronwyn; puedo verlos, tiemblan.

Tiro el guante de hierro, soy tu siervo.
El mar que me acompaña por un mar
de sombra se deshace en el vacío.

Estoy cansado de estar muerto y ser.

Remolinos de cielos y de océanos
de incesantes distancias funerales.

El centro es lo lejano, y es allí
entre espirales grises y plateadas,
donde acaso la cruz es una cruz,
el cruce y el encuentro.

El centro es el lugar donde la imagen
habla desde su doble transparente.

Por el bosque del tiempo la noche del espacio,
el errar de mi busca, la boca de mi incendio.

En tus ojos, cayendo, un mar gris se levanta.

Lo espantoso es sencillo y está siempre muy cerca.

Desde la embajada de la antimodernidad

diciembre 1, 2011 by

 

 

Editamos una nueva entrada con algunas reflexiones lúcidas y sin contemplaciones que nos ofrece Nicolás Gómez Dávila, a quién podemos considerar un muy digno embajador del pensamiento antimoderno, hombre que desde su particular trinchera intelectual dispara a bocajarro sus pensamientos. Aquí los ofrecemos a quién quiera darse la ocasión. De paso convidamos a que ojeen alguna de las páginas que este escritor colombiano a legado en sus Escolios para un texto implícito:

-El individuo busca el calor de la muchedumbre, en este siglo, para defenderse del frío que emana del cadáver del mundo.

-No es tanto que la mentalidad moderna niegue la existencia de Dios como que no logra dar sentido al vocablo.

-Los dioses son campesinos que no acompañan al hombre sino hasta las puertas de las grandes urbes.

-No acusemos al moderno de haber matado a Dios. Ese crimen no está a su alcance. Sino de haber matado a los dioses.
Dios sigue intacto, pero el universo se marchita y se pudre porque los dioses subalternos perecieron.

-Temblemos si no sentimos, en este abyecto mundo moderno, que el prójimo, cada día, es menos nuestro semejante.

-El hombre actual no vive en el espacio y en el tiempo. Sino en la geometría y los cronómetros.

-Con la aparición de relaciones “racionales” entre los individuos, se inicia el proceso de putrefacción de una sociedad.

-Ser moderno es ver fríamente la muerte ajena y no pensar nunca en la propia.

-La historia moderna es el diálogo entre dos hombres uno que cree en Dios, otro que se cree dios.

-Los hombres se reparten entre los que se complican la vida para ganarse el alma y los que se gastan el alma para facilitarse la vida.

-El mundo moderno no será castigado.  Es el castigo.

-Al mundo moderno precisamente lo condena todo aquello con que el moderno pretende justificarlo.

-La fealdad del rostro moderno es fenómeno ético.

-Nadar contra la corriente no es necedad si las aguas corren hacia cataratas.

-La plena vileza del hombre no se patentiza sino en las grandes agrupaciones urbanas.

-El pueblo hoy no se siente libre sino cuando se siente autorizado a no respetar nada.

-La presión demográfica embrutece.

-La urbe moderna no es una ciudad, es una enfermedad.

-No es meramente que la basura humana se acumula en las ciudades, es que las ciudades vuelven basura lo que en ellas se acumula.

La dispersión o el comienzo del fin

noviembre 30, 2011 by

Hacia finales del siglo XVIII comienzan las artes a separarse unas de otras, siendo así, que los diversos dominios aspiran a ser autónomos.

Opina Hans Sedlmayr que no es posible aislar las artes sin degenerarlas, pues se particulariza la parte legitimando universalidad en su pretensión de totalidad.  Cuando acontece esta escisión en disparidades autónomas y diferenciadas, ocurre en consecuencia una fractura de sentido en el estilo, al desvanecerse y  en ser incinerada aquella correspondencia con la unidad,  la propiedad de lo total.
Este suceso, de progresiva y creciente exageración pareja a los años que se seguirán del citado siglo XVIII, testimonia ya  un modo distinto de relación con el mundo, y un territorio desplazado en la responsabilidad, tareas y posibilidades del hombre. La proclamación de aquella autonomía, es el preludio de la pérdida de la esencia.

En circunstancias tales, el hombre mismo pierde su razón de ser  que participa de una trascendencia, en tanto que vuelve su espalda a Dios y concentra su orgullo humano en esta glorificación del límite.

Hacia finales del siglo XVIII comienzan las artes a separarse unas de otras, siendo así que los diversos dominios aspiran a ser autónomos. Este suceso, de progresiva y creciente exageración pareja a los años que se seguirán, testimonia y es a la par, un modo distinto de relación con el mundo, y un territorio desplazado  en la responsabilidad, tareas y posibilidades del hombre. La proclamación de aquella autonomía, es el preludio de la pérdida de la esencia.

Y ello no es sino decir que el hombre mismo, pierde su razón de ser en tanto que partícipe de una trascendencia, en tanto que vuelve su espalda a Dios y concentra su orgullo humano en esta glorificación del límite.

El S.XVIII es un convulso periodo que marca sin duda los orígenes de la época contemporanea. En lo artístico se manifestarán una serie de movimientos y tendencias- del Rococó al Neoclasicismo- con la tónica común y mismo denominador de que no hay principios universales sino visiones subjetivas. Por otro lado el arte traspasa ya fronteras, volviéndose por ende más internacional. Aparecen los museos, qué por otra parte perpetuarán con su realidad e idiosincrasia esta separación de la totalidad y unidad artística. Los museos implican un modo de mirar al arte, y verlo desde la separación de lo que primitivamente no era sino parte de un conjunto, desglosándose -para perjuicio del arte- en “qués, contenidos y formas”.

Obviar e ignorar la interdependencia de las artes, comportará una impotencia correlativa en la tarea de corresponder y asignar sentido, precisión y necesidad a imágenes, temas y obras, así como supone tambien desproveerlas de su realidad histórica. En este pulso el carácter formal doblega entonces al significado espiritual de la obra, “cientificándose” en este caso a las composiciones iconográficas.

Esta ciencia de los fragmentos supone en su premisa ya, el mayúsculo olvido del sentido representativo de las obras.

Nota:  Para más información remito a la consulta bibliográfica de la obra ” El arte descentrado ” de Hans  Sedlmayer

Cosas de hoy – Composers As Gardeners de Brian Eno

noviembre 22, 2011 by

Brian Eno es uno de los compositores y productores más importantes del final del siglo XX. A pesar de haber colaborado en la perpretación del mito de U2 y Coldplay es indiscutible su gran aportación a la música contemporánea. El pasado 16 de octubre invitado por la Serpentine Gallery dio una conferencia muy interesante sobre su concepción de la música que enlazamos a continuación. La conferencia lleva por título Composers as gardeners (los compositores como jardineros) y se encuentra tanto en formato vídeo como transcrita al inglés.

Brian Eno - Composers as gardeners

Url: http://edge.org/conversation/composers-as-gardeners

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Infinitud

noviembre 9, 2011 by

William Turner - William Turner - artelista.com
Pusimos nombres a todo porque somos seres finitos. Nuestra psique colectiva desarrolló y codificó el lenguaje para que pudiéramos usurpar con la apariencia la eternidad de Dios al superar la barrera del tiempo. Nombramos para ser infinitud. El arte, la creación artística, es posiblemente el intento más preclaro de la desmesurada hubris que domina todas nuestras acciones. Con el arte hemos esclavizado todas las habilidades y maravillosas disciplinas que la cultura humana ha ido elaborando en el mar del tiempo. Cuando por fin comprendamos que la eternidad no puede ser reflejada en nuestra visión finita del espacio y el tiempo, cuando realmente asumamos nuestra mortalidad y que nuestro cometido es exclusivamente mostrar la grandeza del Cosmos perfecto por el reflejo inverso que es nuestra naturaleza. En ese momento podremos empezar a crear arte verdaderamente libre. Puro.

Los emboscados

noviembre 7, 2011 by

Entre la nave y el bosque, el hombre libre ha de elegir. ¿Es preciso emboscarse y ser proscrito o seguir en la mentira de la seguridad?

Llamamos Emboscado a quien, privado de patria por el gran proceso y transformado por él en un individuo aislado, acaba viéndose entregado al aniquilamiento. Este destino podría ser el destino de muchos y aun el de todos – no es posible dejar de añadir, por tanto, una precisión. Y esta consiste en lo siguiente: el emboscado está decidido a ofrecer resistencia y se propone llevar adelante la lucha, una lucha que acaso carezca de perspectivas. Un emboscado es, pues, quien posee una relación originaría con la libertad; vista en el plano temporal, esa relación se exterioriza en el hecho de que el emboscado piensa oponerse al automatismo y piensa no sacar la consecuencia ética de éste, a saber, el fatalismo.

-Rescatado de La emboscadura de Ernst Jünger. Tusquets Editores

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