La democratización del arte

Hace unos meses, El País digital recogió unas declaraciones de  Brian McMaster, presidente del National Opera Studio del Reino Unido y ex director del Festival de Edimburgo, sobre la importancia de despojar a la ópera de prejuicios vetustos y elitistas para que ésta pueda ser disfrutada «por el vulgo». El artículo reflejaba la voluntad de propagar la ópera a un público más extenso mediante las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías (retransmisiones por cable, Internet y sus redes sociales…), un anhelo comprensible cuando la legitimidad del arte parece ser conferida por lo popular. Todo retumbo minoritario y anacrónico hiede a clasismo reaccionario y, por ende, la ópera debe limpiarse de tal estigma, auque para ello deba ambientarse Los maestros cantores de Nüremberg en una clase de instituto. Este empeño democratizante, pese a su nobleza (confiemos que más inocente que fingida), remite a uno de los fracasos más graves de la modernidad, al intento ilustrado de llevar la luz al pueblo.

La idea de culturizar a la masa se ha subvertido y  la aristocratización de lo plebeyo ha derivado en la popularización de lo aristocrático. La educación estética se ha desechado por la asimilación del arte a la idiosincrasia de la muchedumbre. El discurso tradicional del «arte culto» es un quiste obsoleto y retrógrado que debe superarse; el arte decae en las apetencias ramplonas de la sociedad democrática; las élites, adalides de la vanguardia, retozan entre el esnobismo, la frivolidad y una sensibilidad impostada que las hace aún más banales que la vulgaridad imperante de la que pretenden diferenciarse. ¡Demos gracias a la Ilustración! La ópera se hace democrática, Dostoyevski se hace democrático (y adaptan Los Hermanos Karamázov a cómic para que los medrosos que se marean con dos párrafos puedan acceder a los clásicos),  Bach se democratiza electrónicamente hipnotizado por un bombo ultrasónico, y las obras de Turner podrían salir de gira y exponerse en las fiestas de mi barrio (al estilo de las esculturas de Rodin arrojadas en Rambla Catalunya). Seguimos con la misma cantinela, ingénua y perversa. Democraticemos: llevemos el arte al pueblo y no el pueblo al arte.

4 comentarios en “La democratización del arte

  1. Aproximarse al arte, en cuanto a tratar de conseguir una experiencia estética compleja, ha de requerir un esfuerzo y una dosis de sacrificio. El gran arte en cuanto a que remite a lo trascendente, infinito y eternidad sublimadas, es imposible sin la sumisión a la fe, y esta es una pasión extremadamente fuerte, la que más.

    Al tratar de masificar el arte se pierden varios elementos, a saber: la pureza e intensidad de la experiencia estética, el acto de contricion implícito y la posibilidad de la revelación trascendental. Aunque no niego la posibilidad de que en medio de una multitud se pueda vislumbrar lo eterno, para ello sirven los milagros, su ulterior comprensión se diluye en la incredulidad que rodea la mente colectiva que se forma en el seno de la masa.

    Esta democratización del arte es solo otro ejemplo más de lo que ha devenido el mundo post-ilustrado, un mundo donde el acceso a la verdad se encubre y se instrumentaliza.

    Bravo por el artículo, camarada detrascendental, y buen viaje tenga al cono sur.

  2. Debo discrepar en que el objetivo es democratizar el arte, llevarlo al pueblo como anhelo ilustrado. Creo que el nuevo posicionamiento de la cultura está más cerca de lo que apunta Rémora cuando habla de su instrumentalización. El ejemplo concreto que nos ocupa, la Ópera, ha visto reducido su público drásticamente y en una sociedad mucho más capitalista que demócrata esto es inaceptable.

    Las razones que han llevado al señor McMaster a hacer semejante propuesta reformadora del arte son debidas a la necesidad de ampliar su conjunto consumidor, incrementando así sus beneficios y seguir siendo competitivos en el mercado del ocio.

    Las razones populistas de su movimiento los veo más como medio, e incluso justificación, para aumentar los ingresos del negocio que representa que como acción evangelizadora. La ilustración está obsoleta, el dólar manda.

  3. Seguramente los motivos que subyacen a esta «democratización del arte» sean monetarios. Ahora bien, lo que aquí se critica es el modelo de instrumentalización, sea cual sea su fin último (obtener más beneficios económicos, ilustrar al pueblo, ser una burla cósmica…).

    Por otra parte, considero que interpretar los hechos bajo una perspectiva excesivamente capitalista (las causas últimas que nos mueven siempre acaban siendo económicas) supone un materialismo que yo, al menos, detesto y rechazo.

  4. Añado otra posible razón a la «democratización del arte», la falta de voluntad de esfuerzo.
    Si puedo leerme Los hermanos Karamazov en 25 páginas de cómic, ya no hace falta que me lea 1000 páginas llenas de letras y de nombres raros en ruso. ¿Se pierde lo que de verdad es bueno? Evidentemente, pero para admirar la flor de nieve hay que escalar un poco. Y no abundan los que escalan.

    Eso sí, la causa última es, como dice chakodavies monetaria. Hamlet ambientado en un prostibulo vende más y, además, al director se le aupará en lo más alto del escalafón cultural. Así vamos.

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