El tabaco

«Por más que digan Aristóteles y toda la filosofía, no hay cosa como el tabaco. Es la pasión de la gente elevada, y no merece vivir quien vive sin él. No sólo alegra y purga el cerebro, sino que instruye el alma en la virtud, y gracias al tabaco puede cualquier hombre llegar a ser discreto. ¿No has visto qué trato tan cortés dispensa el que lo toma a cuantos le rodean, y con qué gusto lo va ofreciendo a unos y a otros, dondequiera que se encuentra? Ni siquiera aguarda a que se lo pidan, antes se adelanta al deseo de los demás: hasta tal punto es cierto que el tabaco despierta en quien lo toma el sentido de lo honorable y lo virtuoso.»

Esganarel en Don Juan o el festín de piedra, de Molière.

8 comentarios en “El tabaco

  1. Yo es que solo fumo cuando me invitan y en esos momentos me parece que se apodera de mí más el instinto irracional que la honorabilidad. Aún así si lo dice un dramaturgo francés del siglo XVII y contradice a los usos actuales me quedo con lo añejo.
    Vive le tabac!

  2. ¡Me cagüen las ventrescas de Birmania! Este sito lo visitamos nosotros dos y el otro tarado. Parece un espacio para colgar una copia de seguridad de nuestros textos. Joder, es como cuando entras a una discoteca y está vacía y algún lerdo dice: «to la pista pa nosotros» y se pone a bailar ignominiosamente. Pues lo mismo: a repetir ad infinitum «nepe».

    Y por cierto, es diferente «el tabaco» que «él taba ko»

    • Estoy terminando de sintetizar una sustancia que expandirá el tabaquismo, perdón taradismo, entre los usuarios del metro de Moyobamba y seguro que ganamos en adeptos.

      No se como lo ha hecho pero me ha retratado en la escena de la discoteca. Si no vamos a bailar a clubes vacíos, ¿que haremos en esos sitios tan trillados por buscavidas y picapleitos?

  3. Dignificar una droga que su única gracia es provocar la esclavitud física y mental de los individuos es lo propio de personas que como Moliere que estaba encadenado a dicho comportamiento. Aún así no menosprecio su habilidad.

    La belleza que no expresa un contenido elevado solo expresa la debilidad de manera bella, la estética no es un escalera que sube o baja los valores.

    Por otro lado, la degradación y elevación del ser humano no viene solo de la ética, también viene de como nos relacionamos con cualquier otro elemento, incluido los productos de consumo como la ropa, el alimento… y por supuesto el mil veces maldito tabaco.

    • Agradezco la observación y que se haya atrevido a comentar, ahora ya no parece una discoteca vacía, sino un bar de pueblo un tanto deprimente.

      Pese a que es interesante la distinción que hace entre ética y estética, marcando el hecho de que embellecer un vicio sea un ejercicio de frivolidad artística, opino que acota, diferencia y delimita demasiado tales conceptos. Según mi parecer, la estética no deja de ser una manifestación de la ética, o de la metafísica por ejemplo; pero en fin, dejemos debates farragosos de pata-filosofía. El caso es que su discurso incurre en algunas falacias o, al menos, es lo se colige de sus palabras; falacias que cometen la mayoría de detractores del tabaco.

      Considera al fumador como un ser que consume compulsivamente (un vicioso, en términos aristotélicos, pues rebasa el punto medio). Es lo que se deduce al proclamar usted que el fumador no es libre, es vicioso, adicto… Efectivamente, quien se funde una, dos o más cajetillas en una jornada tiene una adicción que le coarta la libertad (sobrevalorada, por cierto) como al bebedor de ocho cafés diarios, de cinco güisquis o el que se zampa cuatro hamburguesas. El tabaco tiene sustancias nocivas que en abuso pueden acarrear dependencia física, como muchas otras; joder, incluso el deporte crea adicción y te hace menos libre, y no vale aquello de que el deporte es una actividad intrínsecamente positiva y saludable, sino que se lo pregunten a los deportistas de élite cuando cumplen los cincuenta.

      El buen fumador es quien puede degustar de vez en cuando una pipa de tabaco Gawith, hincarse un habano en una tertulia con amigos o liarse un cigarrillo al terminar una caminata por la montaña. Un placer aristócrata que relaja y ayuda a la reflexión, te hace más locuaz y te proporciona lucidez. No veo adicción, vicio ni malignidad en el uso correcto de esta planta sagrada.

  4. Comentario previo: Con buen acierto has hecho una distinción que es el fumador adicto y compulsivo y aquella poco habitual criatura que es la que fuma en eventos muy concretos (me parece que Remora pertenecería a este colectivo eventual).

    Ahora viene la parte en que veo poco probable el acuerdo:

    No considero que el tabaco tenga cualidades como aumentar la locuacidad o la lucidez mental. Pienso que estas confundiendo los beneficios de un ritual como es el fumar (pudiendo existir rituales similares con otros consumibles o sin ninguno) con los verdaderos efectos de dicha substancia.

    Los supuestos efectos del tabaco vienen según el consumidor: algunos lo usan para concentrarse y otros para dispersarse, algunos para relajarse y otros para animarse en la noche…

    Así pues:

    1. Observo que la suposición de los beneficios de esa planta provienen de la costumbre y no de ningún elemento químico.

    2. Observo con interés el adjetivo ‘sagrada’ al referirte al tabaco y comento que tal adjetivo no es inmanente sino consecuencia de una relación, en este caso transmitida culturalmente y mediante propaganda industrial.

    3. Por último, rompiendo un poco con el análisis pero también una conclusión importante, el consumo del tabaco a diferencia del alimento o el deporte siempre es negativo para el organismo. Un resultado químico a diferencia de las otras cualidades antes mentadas.

  5. Un comentario a mi comentario:

    Cuando hablo del ritual y la costumbre me sitúo cercano a la concepción de «eficacia simbólica» de Lévi-Strauss.

  6. Como he sido invocado me persono (absurdo verbo para el medio digital, por cierto) y reopino al respecto del asunto.

    Sagrado o profano, nocivo o beneficioso (me reiré de todos los que dejan de hacer tal o cual porque ahora los médicos lo digan…) el fumar tábaco, como cualquier otra acción de voluntad, no puede ser juzgadas desde si misma si no desde el punto de vista del que realiza la acción. Un individio creador podrá fumar, fornicar o incluso saltar a la comba sin que su acción pueda ser juzgada desde una moral convencional. El rebaño merece ser catalogado y procesado pero no el poderoso.

    Si no es así que alguien me explique en que momento dejó de ser éste un espacio de aristócratas.

    Salud!

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