Palabras de un intempestivo

 

  Nicolás Gómez Dávila legó una fecunda obra conformada de venenosos y    controvertidos dardos, que vienen y contravienen a estorbar cualesquiera letargia intelectual, espiritual o vital. Estructurados sus escritos en escolios, merecen estos ser leídos de vez en cuando, como un acceso a las turbulencias del pensamiento, como un mirar de frente honestamente al espejo despejado de interferencias, de vulgaridades, una violencia que interpela y que arremete contra imposturas, o precisamente quizás contra la más indecente de las posibles: la indiferencia.

Estas son algunas de sus sentencias . . . .

-Una tradición no es un supuesto catálogo de virtudes que se enfrenta a un catálogo de errores, sino un estilo de resolver problemas. La tradición no es solución petrificada, sino método flexible.

-El subconsciente fascina la mentalidad moderna.   Porque allí puede instalar sus tonterías preferidas  como hipótesis irrefutables.

-La humildad no desarma como símbolo de sumisión anticipada, sino como revelación repentina de un universo donde mandar es grosero y vulgar.

-El hombre actual reclama libertad para que la vileza florezca impune.

-Sociedad aristocrática es aquella donde el anhelo de la perfección personal es el alma de la instituciones sociales.

 

-A la sociedad democrática le basta, en el mejor de los casos, con asegurar la convivencia. Las sociedades aristocráticas, en cambio, levantan sobre la gleba humana un palacio de ceremonias y de ritos para educar al hombre.

-Madurar es transformar un creciente número de lugares comunes en auténtica experiencia espiritual.

-Desconfío de toda idea que no parezca obsoleta o grotesca a mis contemporáneos.

-Los nuevos catequistan profesan que el Progreso es la encarnación moderna de la esperanza.  Pero el Progreso no es una esperanza emergente, sino el eco agonizante de la esperanza desaparecida.

-La caridad es virtud de fuertes.   Entre débiles es especulación sobre reciprocidades futuras.

-El mito es el lenguaje de la percepción inmediata, es decir: de la que intuye lo trascendente en lo sensible.

-El gusto de las masas no se caracteriza por su antipatía a lo excelente, sino por la pasividad con que igualmente gozan de lo bueno, lo mediocre y lo malo.   Las masas no tienen mal gusto. Simplemente no tienen gusto.

-La civilización parece invento de una especie desaparecida.

-Los hombres, mientras más iguales se sientan, más fácilmente toleran que los traten como piezas intercambieables, sustituibles y superfluas.

-La ética se reduce a la lealtad. Las demás virtudes son capítulos de la casuística.

-El individuo busca el calor de la muchedumbre, en este siglo, para defenderse del frío que emana del cadáver del mundo.

-Las almas que no son teatro de conflictos son escenarios vacios.  Toda concordia es tediosa.

-Los raciocinios sólo convencen a quien necesita una excusa para rendirse.

2 comentarios en “Palabras de un intempestivo

  1. Aunque conocía ya al imponente personaje éste de don Gómez Dávila, no puedo más que agradecer la entrada. Sin duda se trata de un complice de la causa, ¡y parece que de los más gamberros!

    La antimodernidad no es una moda particular ni un trazo de esnobismo banal, se trata de una apuesta decidida por la vida y por lo vivo.

  2. Sin duda, un auténtico librepensador, lejos de las descafeinadas palabras pseudo transgresoras con que intelectualillos de poca monta nos tienen acostumbrados. Al menos reconforta saber que existen personas que si merecen la publicación de sus pensamientos.

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