Tres aproximaciones al abismo

Mar enfurecidoLa atracción por el abismo es inherente al ser humano. Un deseo irracional que incita a acercarse a lo que puede herirnos y matarnos. Desde siempre hemos buscado el peligro en sus múltiples formas y la muerte ha bailado a nuestro alrededor su danza macabra  y necesaria. Con la aparición del hecho social y la domesticación en rebaño ciudadano, el instinto del cazador de lo insodable se atrofia pero la poesia permite una suerte de redención aparente. En algunos autores se ha reflejado tal fenomeno psicológico, el anhelante delirio por la autodestrucción, con la belleza de lo sublime.

Al igual que amas los libros que te hacen llorar, las sonatas que te han cortado el aliento, los perfumes que te insinúan renunciamientos, a las mujeres extraviadas entre el cuerpo y el alma, así sucede con los mares: te enamoras de aquellos cuyo oleaje induce a ahogarse en su seno.

– E. M. Cioran – Breviario de los Vencidos – 1940-1946

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Los sueños en que, lógicamente, estoy en
peligro, por hallarme bajo masas imponentes
y cristalinas de agua -grandes ríos, mar-
me producen gozo.

– Juan-Eduardo Cirlot – 88 sueños – 1951

Me enamoro de los océanos en los
que puedo ahogarme,
de las olas crispadas
que destrozan los frágiles barcos.
Me enamoro de la lava que deshace
mis manos, mis huesos.
De las mujeres que clavan
los afilados cuchillos en mi pecho.
Cuchillos negros que arden al
tocar mi piel. Me enamoro de
la sal en las heridas, del
dolor insensato que purifica lo humano
que llevo dentro.

José Rubén Giménez – 2004

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