Los emboscados

Entre la nave y el bosque, el hombre libre ha de elegir. ¿Es preciso emboscarse y ser proscrito o seguir en la mentira de la seguridad?

Llamamos Emboscado a quien, privado de patria por el gran proceso y transformado por él en un individuo aislado, acaba viéndose entregado al aniquilamiento. Este destino podría ser el destino de muchos y aun el de todos – no es posible dejar de añadir, por tanto, una precisión. Y esta consiste en lo siguiente: el emboscado está decidido a ofrecer resistencia y se propone llevar adelante la lucha, una lucha que acaso carezca de perspectivas. Un emboscado es, pues, quien posee una relación originaría con la libertad; vista en el plano temporal, esa relación se exterioriza en el hecho de que el emboscado piensa oponerse al automatismo y piensa no sacar la consecuencia ética de éste, a saber, el fatalismo.

-Rescatado de La emboscadura de Ernst Jünger. Tusquets Editores

Realmente lo más fácil sería recomendar la lectura integra de La emboscadura de Ernst Jünger y dejarse de comentarios inanes. El problema está en que, al parecer, carecemos del tiempo mínimo para dedicarlo a los menesteres más urgentes y necesarios. Y éste es uno de esos temas delicados a los que no se les va la atención suficiente.

A pesar de lo infructuoso que resulte haré la recomendación: Es fundamental que cualquiera con inquietudes ante el presente revise la obra de Jünger (La emboscadura y el resto del magnifico legado que nos regaló el alemán). Para el que no crea ni siquiera en tan edificante esfuerzo, recomiendo una rápida y poco placentera visita a algún ciberbuscador y la lectura de alguno de los múltiples resúmenes que se puedan hallar. No resultará lo mismo pero al menos se paliará un resquicio de la enfermedad.

Pasemos ahora a un breve comentario del motivo de esta entrada. En la obra La emboscadura se retrata nuestro presente a través del retrato del presente de principios de los cincuenta del siglo veinte. La actualidad de la obra es tan radical que, a pesar de los múltiples y virulentos acontecimientos ocurridos desde entonces, el tiempo parece haberse congelado. De algún modo seguimos atrapados en las mismas disyuntivas que entonces acuciaban al mundo occidental contemporáneo. Y aunque las crisis económicas aparezcan como el gran problema de nuestro tiempo, es el gran quiebro metafísico lo que debería preocuparnos con más ansía. La era de la técnica nos está conduciendo hacia un abismo del que quizás no podamos salir. Y embebidos en los ligeros avances que recorremos de tanto en cuanto, obviamos que lo fundamental es tratar de conservar nuestra humanidad.

Por ello es preciso emboscarse. Poseer de nuevo la relación originaria con la libertad de la que ha de gozar el ser humano que se quiera llamar propiamente así. Y la libertad no está en la felicidad de la esclavitud que tratan de imponer los diferentes sistemas. Y la felicidad falseada del bienestar a cualquier precio no ayuda a que el ser propiamente humano alcance las metas que le esperan en su recorrido. El atrevimiento del forajido se cumple en la inmersión en la maleza. Atravesar el linde y penetrar en el corazón del bosque donde los caminos están por hollar.

Pero emboscarse no ha de tenerse por una mera huída si no más bien por un rearme. En el bosque se halla la muerte y con ella un horizonte de trascendencia fundamental para comprender el hecho de la libertad. El hombre civilizado, el que se deja guiar por la nave, está encadenado a la seguridad que le ofrece el estado. Con la apertura del bosque, el liberado se halla en el terreno de la necesidad y es en ese sitio donde puede encontrar su primigenio estado natural.

Nosotros los emboscados, que leemos en las estrellas y no sólo en los períodicos, hemos decidido confiar en nuestro instinto y emprender la lucha. Porque en ella hay salvación aunque no haya victoria.

1 comentario en “Los emboscados

  1. Yo también soy un emboscado, y lector de Jünger. Tú reflexión me parece muy oportuna, sobre todo en los tiempos que corren .En mi blog, he escrito una reseña sobre la figura de otro libre pensador, Ernesto Sabato que de forma directa nos enseño a no caer en la falsa Seguridad de una sociedad de privilegios, pero ¿A qué precio?
    Un saludo.

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