Versos intempestivo-incendiarios

Desgarrarse una y mil veces,

herir pronto y a diario la vieja cicatriz,

ser abstemio de las modas,

ser uno más, sin ser «otro que si»

 

Minoría absoluta, limpia la puerta,

y enhiesto el altar en el recibidor

sea nuestra mayoría el despotismo del cielo,

y nuestra gracia, el fatalismo

que nos empuja una y otra vez al ruedo

 

… otra, y otra tarde más … entre vigilias y mil sueños.

 

Porque es nuestro el color de la tarde

un lenguaje que vibra en mensajes

de tonos oscuro rojizo, arcilla, trueno

cuero gastado, pipas de tabaco ¡y mentones arrogantes!

 

Yace en nuestra piel porque es su hogar,

aquella retórica mil veces manida,

de la hora crepuscular.

Nuestra Vida frente a la vida.

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