Homenaje y asesinato – por Oriol Mora

UNO

Supe de la muerte de Oliver Molist un día de Agosto. Me acuerdo perfectamente del calor y la humedad que reinaba en Barcelona. Recuerdo bajar al metro y entrar en el vagón subterráneo de la línea púrpura. Había dormido poco, de forma inconstante y nerviosa. De esto, inexplicablemente, también me acuerdo.

Como no podía ser de otra manera al entrar en el vagón la hediondez me pareció más insufrible que nunca. Me acordé de los cómicos que describían el hedor de metro cómo “olor a humanidad”, “el metro huele a humanidad” (risas). Me sentí repentinamente muy triste pensando en los cómicos, aunque la equiparación de la humanidad con el sudor me llevó hacia algunos meandros mentales que hicieron el agobio más soportable.
Miré a mi alrededor y fijé la mirada en cuatro adolescentes absortos en la contemplación de la nada, una nada al parecer, absoluta. Vacío gana a vacío, pensé.

Al fin llegó el fin, mi parada, el aire y la salvación. El circo de los monstruos quedaba apaciguado en el subsuelo. Luego en casa la noticia; Oliver Molist había muerto ahorcado.

DOS

Mis encuentros con Oliver Molist se ciñen a la etapa universitaria. Los dos éramos foráneos de Barcelona, de pueblos pequeños. La coincidencia y el azar unen a las personas. El primer día que hablamos fue en el césped de la Facultad. Fue él quien se acercó y pidió un cigarrillo o pidió papel; aunque lo que pedía a gritos era un amigo, o al menos sentirse partícipe de la comunidad universitaria, algo que ahora me parece un mal chiste pero que en aquel momento entendí y hasta compartí. Me conmovió ver su humildad en el trato y su sinceridad en las afirmaciones que toscamente urdía; naturalmente, sabía tan poco de filosofía como cualquiera de los demás, pero algo en él me hacía sospechar que era otro su cometido en aquél lugar. Estaba allí y muy lejos al mismo tiempo, siempre parecía que te hablara por segunda vez, eludiendo información. El subtexto era texto en mayúsculas para él, con un referente siempre en claroscuro.

Nunca le conocimos novia.

Yo era bastante sociable en aquellos años, así que hice numerosos amigos, la marihuana lo posibilitaba bastante, aunque también hacia las cosas menos claras; a veces creía que
todos éramos cuervos comportándonos como palomas hinchadas y enfermas.

A Oliver lo vi muchas veces bajo los efectos de la hierba y también le afectaba, pero parecía fumar por imposición, necesitaba sentirse mal, sentirse perdido, ser observado. A veces ahora pienso en él y presiento que no entendí nada, tengo la extraña sensación de que todas las veces que hablamos él estaba ofreciéndome una oportunidad que nunca acerté divisar correctamente, creo que nunca hablamos el mismo idioma, al menos nunca al mismo tiempo. Nos perdimos la pista.

TRES

Oliver Molist publicó cuatro libros de poesía que tuvieron cierta repercusión en el pequeño mundo literario de minorías, nunca hizo ninguna entrevista y se le tenía por otro poeta asceta, un loco que escribía. El más famoso fue Los trece escalones, ganador del premio Francesc X. Cayrol de poesía en el año 2003. No se presentó a la gala.

Según se contaba Oliver vivía en algún punto indeterminado del Montseny; poseedor de una gran fortuna familiar, nadie aparte del servicio lo visitaba.

Cuando dio la patada a la silla que lo sostenía a la vida un gallo anunciaba el advenimiento del alba. En su despacho encontraron su último poema, seguramente sin terminar, o esperando ser terminado por otro. Cuando lo leí tuve otra vez esa sensación de algo ya escuchado, de algo vivido dos, cien, o infinitas veces.

Paréntesis

I
Recuerdo en el cuadro vaciado
el retorno de un espejo
enfrentándose.

Instantes
huérfanos del halo
primigenio.

Tardó el núcleo en abrirse,
luego el frío.
Y la Voz.

II
Saltos imposibles
fundiendo los pasos,
mordiendo el musgo.

Viviendo las imágenes
de otra gente,
hacia otro lugar.
Esperábamos elevar el abismo.

La posibilidad se presentó
encarnada,
Y al final,
la Voz

Texto publicado originalmente en El Intempestivo #3

1 comentario en “Homenaje y asesinato – por Oriol Mora

  1. Pingback: El Intempestivo #3 | El Intempestivo Digital

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s