Aut Deus aut Nihil

Traemos a la palestra el siguiente libro- Don Juán de Torrente Ballester- y fundamentalmente lo hacemos por 3 razones. Por un lado es una obra literariamente muy bien construida, elegante y poco gratuita, y poco gratuita en el sentido de que percibimos a la misma como una hija artística parida por necesidad, gestada con calor y días, madurada por el autor y en el autor, sufrida en si mismo.

Se echan a faltar obras tales hoy, pues en su mayoría significativa hoy obedecen éstas a tramas traducibles a películas -aceleradas, básicas, hinchadas de acontecimientos,…- y a contenidos prefabricados. Aplaudimos entonces la originalidad e impronta de escritor que deja traslucir este libro. Sabemos que no es escritor todo el que publica un texto.

En segundo lugar, aquí Don Juán se ve actualizado y reinterpretado por Torrente Ballester, quién de un Don Juán comúnmente concebido como una figura superficial, banal, voluble, … un fantoche mujeriego y errante, a manos del escritor conquista el protagonista un nuevo estadio vital y metafísico. En cierto modo Ballester lo dignifica, lo dota de una historia y a su vez nos traslada a su emplazamiento cósmico, en qué la apariencia se desnuda y se nos desvela la relación del hombre con Dios, el sentido del amor, el orgullo, y el conflicto entre el deber y la libertad.

Finalmente, más allá de la peregrina aventura que se nos narra entre las páginas, pivotan una serie de reflexiones teológicas – entre otras- a considerar. Asistimos a como la sensibilidad y profundidad de la fe de Don Juán se ven truncadas y trastornadas en constatar este que su esperanza en la fusión carnal de dos almas, la metafísica sexual de mutuo derramarse, no es tal como se le ha prometido. En el egoísmo del goce sexual adivina don Juán una burla de Dios, un sin sentido, el pago de una culpa (que remonta a Adán) injusta, la escisión y el abismo entre los hombres, el límite infranqueable tanto físico como metafísico entre seres vivos, que participan de una misma unidad, pero existen de modo freagmentado y precariamente incompleto, insatisfechamente apetentes de un vínculo místico y cósmico, de Absoluto, de Uno.

Don Juán, de naturales dones para con el trato femenino, libra su personal guerra a Dios, suplantando a este su gracia,  y conduciendo de su mano a las mujeres al más cercano estado de lo divino, de lo místico, del erotismo más trascendente. Don Juán es la voz del orgullo y la de un creyente condenado, pues sabe las dimensiones de la batalla que libra no cruzan mayor frontera que la de su contingente, dudosa, terrenal y temporal libertad, y su libertad no es sino desesperanza, altivez frente a lo que juzga él como el olvido de Dios. Don Juán no halla- contra todo su personal pronóstico-  el arrepentimiento, el remordimiento o la vergüenza en sus acciones, y en este silencio percibe la espalda de la divinidad.

Don Juán, católico y pecador, quiere batallar y vencer en sí a Dios por el acto libre del mal y de su integración en la propia conciencia. Una suerte de venganza que le redima ante si mismo. El drama de Don Juán es ese desprecio del Señor que cree albergar y ver reflejado en su incapacidad para el amor, esa soledad de soñador, de soldado de la virtud, que sufre de un eco sordo en la estepa de su sinfonía emocional y afectiva. O Dios, o nada, parece clamar en el fondo; aunque es el resorte de la voluntad lo que parece quedar como el único espacio para el movimiento y la vida, la acción, la violación de la norma.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s