Un poema de Quevedo

Miré los muros

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día

Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

por Francisco de Quevedo. Encontrado en Floresta de rimas antiguas castellanas, por Juan Nicholas Böhl de Faber. Hamburgo: Perthes y Besser, 1821.

Este soneto de Quevedo vuelve una y otra vez a mi cabeza desde que hace años lo leí citado en un texto que me pasó el intempestivo Testus. Especialmente poderoso me parece el último terceto, el cual no deja de producirme una sensación a medio camino entre el desasosiego y la solemnidad. Se trata este de un poema grande de un autor aún más grande, que permite su reinterpretación periódica gracias al calado intemporal de sus versos.

Retrato de Francisco de Quevedo

Retrato de Francisco de Quevedo

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