Hundimiento, naufragio y vuelta a la Historia

La sociedad de masas […] no quiere cultura, sino ocio (entertainment). El resultado no es una cultura de masa […] sino un ocio de masas, que se alimenta de los objetos culturales del mundo. […] La actitud del consumo implica la ruina de todo lo que toca.
Hanna Arendt

De un siglo para acá, el mundo se vuelve cada vez más irreconocible, y es que el número de cambios, la cantidad de información cambiante y de continuo procesándose, y la agotadora recepción de invasivos estímulos cotidianos terminan por inyectarnos un sentimiento ahistórico. Un cierto como si estuviéramos flotando en un universo paralelo en el que se perpetúa todo, y donde no hay literalmente nada fuera. En un gran supermercado… En un blindado y compacto sistema. Una atmósfera irrespirable a no ser que se renuncie de una vez por todas al ejercicio del sentido común y de una sensibilidad de mínimos. El Sistema tiene firmes paredes que no precisan de fuerzas de orden uniformadas. Toda una ingeniería del gregarismo –del mito individualista- ha ocupado el lugar de las familias y el de los espacios que tradicionalmente han sido los reguladores de la cultura, así como también de la sensibilidad y deontología colectiva.

Una función que los tentáculos del leviatán han suplido tan hábil como perversamente.

A fuerza de convertir al pueblo en masa, y lograr que cada hombre se auto induzca pletórico fuera de su corpus cultural en cuyo nido nace y se constituye, …  lejos de aquello que amadrina su sentido y su ser en el mundo. La Modernidad ha establecido un hábil totalitarismo. Uno tal, que cuyas víctimas se encuentran con la voluntad secuestrada, y el alma cercenada, pues las vendieron junto con su fe a esa basura de proyecto a corto plazo, de filosofía vital de rockstar, de teenager, de descaro sesentayochista, de estado de bienestar y egocracia… de cultura en minúsculas. El hombre se ve arrojado a la esfera inorgánica de sujeto de consumo, de mónada auto complaciente y de pura figura pasiva, espectadora, … Exiliado tras toda esta hábil operación moderna de inhabilitación del aspecto humano de los homínidos, de castración de las almas, de una ingeniería empeñada en despolitizar al ser humano, de querer hacer del hombre otra cosa: un cliente, un ciudadano del mundo, un votante,un comprador, un turista … Llegamos a una hora de la Historia en que no habrá opción a la tibieza, y dónde ser actor comportará llevar la desobediencia hasta el final, dónde es obvio, no caben los paraísos. Paraíso es aquello con lo cual blasfemamente se ha substituido a la enorme, pesante, grande y problemática típicamente humana, como la verdadera Redención, redención a saldo, paraíso de cirugía.

El Sentido es algo que vive en el aliento del conflicto, presidiendo la diatriba intestina, en el sacrificio consciente, … Los hombres que decidan negarse a ser mercancía dignificarán de nuevo la palabra hombre, desde luego, y el Estado Moderno tiene dispuesto todo su armamento mediático y legislativo para que comprometerse signifique estigmatizarse, y para que la neutralidad sea la norma. La otra orilla está ahí, la aventura del naufragio leva sus anclas, y horas de emboscadura arremeterán contra este buque nihilista, remontarán de nuevo a la vida al sonámbulo semblante europeo, de nuevo en el tiempo, vivas las facciones.

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