Arquetipos del Nuevo Mundo

jungle

Tras vivir unos años en la arcadia del ladrillo y los créditos ilimitados, Europa se encuentra ahora en un territorio singularmente diferente. El páramo, o eso pretenden hacernos creer, vacío y desolado en los que nos hallamos, sustituye esa Jauja en la que hasta el último vástago del más pequeño campesino podía optar al sueño del chalet adosado, el coche y las vacaciones en el Caribe. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y nos hemos hipotecado un futuro brillante que parecía que no nos iba a alcanzar nunca. Somos culpables y debemos pagar con la deflagración y el castigo de la crisis. Peor aún, hemos de pagar con el no crecimiento económico y con el cilicio de los recortes.

Todo esto es información trillada, masticada una y otra vez y regurgitada hasta el paroxismo por todos los plumillas del reino. Ahora vayamos al escaso meollo de este texto. En la citada arcadia eramos muy ricos y muy felices materialmente pero, al parecer, nuestras vidas no se colmaban, las heridas metafísicas y las imperfecciones en nuestras almas aparecían en los momentos menos oportunos para fastidiarnos y bajarnos del Olimpo agriándonos la ambrosía y los Gin Tonics. Por ello mismo y como un reflujo tardío de la New Age ochentera aparecieron los gurús de la autoayuda para sanar nuestros males espirituales. Las librerías se llenaron de obras pseudo filosóficas de tapas claras y colores suaves con nombres inextricables y aparecieron las consultas donde a uno le podían recetar autoestima en pequeñas dosis mientras otros se llenaban los bolsillos con el negocio.

El tema no es solo que alguien hiciera negocio con la ilusión y las necesidades de curación anímica que más de uno creía tener, sino que hasta se generó un pequeño panteón de ídolos a los que venerar y agradecer. Algunos de esos libritos se convirtieron en pequeñas Biblias de todo a cien y los personajillos que las escribieron se tornaron los nuevos mesías a los que seguir. Lamentablemente los buenos tiempos han pasado y los ídolos de barro han sido sustituidos por unos nuevos de arcilla.

En este nuevo territorio de crisis financiera y, según afirman algunos, oportunidades de negocio los héroes a los que adorar son los llamados emprendedores. Esos valientes que con su tenacidad, inventiva y denodado esfuerzo pretenden triunfar allí donde las grandes estructuras nacionales y supranacionales no paran de fracasar. Ahora que éstas están puestas en entredicho, el rebaño de parados endeudados empezamos a mirar con buenos ojos a los audaces y temerarios que pretenden crear riqueza ex nihilo. Admiramos sus cabezas bullendo en ideas e innovaciones que crearán empleo y nos volverán a dar esas riquezas perdidas por culpa de los bancos y el corrupto sistema financiero.

Esos héroes restituirán la perdida fe en la economía de mercado y en el sistema capitalista-liberal donde la excelencia y la libertad buscan ir siempre de la mano. Y serán los trovadores del nuevo mundo, los economistas, los que nos canten sus hazañas para que soñemos de nuevo con el amanecer dorado mecanicista.

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Un pensamiento en “Arquetipos del Nuevo Mundo

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