La inmersión

Burbujas en movimiento

La crisis económica y política a la que está sometido Occidente es la conclusión del proyecto iniciado con la aparición del Capitalismo a finales del siglo XVIII. España especialmente, y el resto de países europeos menos desarrollados industrialmente se ven por fin inmersos al cien por cien en la economía de mercado y en el nuevo orden simbólico monetario. La creación de la unión europea y sobre todo su aparente crisis de déficit es el máximo exponente del desplazamiento del núcleo de poder desde los estados soberanos al abstracto entramado de mercados financieros y organismos de gestión de la economía interestatal.

Con la crisis de deuda se muestra por fin la verdadera apariencia de todo este sistema de poder y quienes son los agentes que realmente protagonizan su desarrollo. Los gobiernos políticos legítimamente elegidos por ciudadanos de cada país están observando estupefactos como sus representantes se someten al arbitrio y a las peticiones de los abstractos bancos centrales y a organismos transnacionales como el Fondo Monetario Internacional y las distintas agencias de calificación.

Previamente todas estas estrategias de control han sido probadas con diverso grado de éxito durante los siglos XIX y XX en países de economías emergentes, ex-colonias y nuevas naciones fruto de conflictos étnicos y políticos. Lo que ya ocurrió en Brasil, Argentina y en múltiples países de África y el sudeste asiático se reproduce ahora en Grecia, Italia, Portugal y España. Primero se procede a hundir una economía y luego se acuerda reflotarla a costa de destruir el poder soberano nacional. Un rescate profundamente traidor.

Banderas de España y la Unión Europea

La gran incógnita surge cuando los países a los que se quiere controlar no son regiones sin un pasado auto-consciente políticamente fuerte sino estados con un gran bagaje histórico aunque posiblemente con un espíritu nacional agotado y pusilánime. ¿Van a someterse sumisamente a las exigencias del orden mundial? ¿Se reproducirán los conflictos sociales, que han llevado a Grecia a un estado cuasi de excepción, en el resto de países mentados? Como breve inciso podemos apuntar en estas cuestiones el importante auge que están viviendo los llamados movimientos identitarios. Una serie de partidos y agrupaciones cada vez más representados en parlamentos y ciudades y que pueden considerarse deudores de una serie de ideologías posfascistas siempre presentes, aunque soterradas, en la Europa de la segunda mitad del siglo XX.

Pero volvamos al concepto de inmersión en la economía de mercado. La Unión Europea surge tras un largo camino que comienza con la asunción de que una Europa fragmentada en disputas nacionales solo ha llevado hasta los conflictos más onerosos que ha vivido el continente (las dos guerras mundiales). Las alianzas y pactos de no agresión entre Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia, principalmente, fueron forjando una serie de acuerdos que se completaron con la creación de la Comunidad Económica Europea a finales de la década de los ochenta del siglo pasado. Esta primera fase se desarrolla a un nivel básicamente político donde se incide en la supresión de las barreras fronterizas entre los países de la comunidad. Así se comienza a gestar el desarrollo del importante tráfico humano que fundamentará la segunda fase.

La segunda fase tiene un peso mucho más económico puesto que trata de proveer a todos los ciudadanos que ya están circulando por el territorio de la ahora Unión Europea de un mercado interno común y fuerte y una moneda única igual en todos los países miembros. Los esfuerzos para llegar a las exigencias mínimas para participar de esta unión suponen situar a países como España, Portugal o Irlanda en una situación económica irreal en base a su desarrollo previo. La adopción de medidas económicas agresivas de corte neoliberal cuyo objetivo principal es el crecimiento económico del país sin reparar en los costes que en una población inmadura podía eso tener, dieron lugar a la ya conocida burbuja inmobiliaria y a la desastrosa burbuja de crédito que asola al país mediterráneo.

Toda esta inmersión por parte de la Europa continental en los desarrollos económicos que habían estado llevando a cabo los países occidentales más avanzados (Japón, Estados Unidos y Gran Bretaña) se fundamenta en la necesidad de competir en un mundo que se torna más globalizado. La Europa hundida de posguerra se ha quedado atrás respecto a las potencias vencedoras (EEUU y la URSS) y ya no posee la hegemonía y preponderancia que tuvo hasta la Segunda Guerra Mundial. Pero esta nueva Europa que ha surgido tras la CEE y la UE fracasa en la tercera fase de su desarrollo pues no se consigue llevar a cabo el proyecto de constitución europea desechado por la mayoría de estados miembros. Así pues, el proceso político-económico queda cojo cuando se rechaza la institución de una fundamentación ético-política y una unificación soberana aún mayor. Recordemos como apunte que uno de los pilares de esta fracasada constitución consistía en destacar la importancia de las raíces cristianas de Europa.

Podemos considera la Unión Europea de 2007 como una compleja maquinaria sin alma ni rumbo definido. Mientras la apariencia de riqueza se propagaba a base de créditos de unos bancos absolutamente desprovistos de moral, todo el mundo se mostraba contento con esta Europa de vuelos low-cost e importación de baratos productos manufacturados del tercer mundo. Ante el cambio de coyuntura cuando han llegado los problemas económicos los ciudadanos se han puesto a cuestionar todo el modelo y a descreer en el ideal económico europeo y mundial.

Y es aquí donde estamos ahora concluido el proceso de inmersión ideológico que se empezó a plantear con Ricardo y Adam Smith y del que tan orgulloso se mostraba Fukuyama cuando anunciaba el ilusorio final de la historia y la llegada del reíno de los cielos capitalista. Y el paraíso no parece tan brillante ahora que aumentan las tasas de paro, el descontento se esparce cual semillas y ni siquiera hay un dios al que pedir clemencia. Pues si algo nos queda claro de esta inmersión es que las entidades mercantiles como Moody’s, FMI, Goldman & Sachs o el BCE no se conmueven con la plegarias de los fieles.

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