Feliz 2013

Desde estas humildes páginas os queremos felicitar la Navidad y os deseamos una gran entrada de año.

Siempre Intempesitvos

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Yo ya elegí …

 

Elegí la verdad, la belleza y la bondad , para no hacer de Dios un fantasma, para habitar la cuesta terrible y sublime de la vecindad de lo divino.

Elegí coronar con disciplina mis hábitos para amputar las ramificaciones burguesas que pudieran hacer de mi alma un esclavo de la felicidad, un ser desposeído de si mismo. Para permanecer en las trincheras inhóspitas y desiertas de los que libramos guerra abierta y franca a una vida hedonista.

Elegí un cuerpo fuerte para no traicionar a mi carácter, para recordar las asperezas qué como precio nos exige una vida de ser humano, de compromiso, de combate, de tensión irreemplazable.

Elegí la lealtad para honrar la amistad que brindo, y así tener una boca limpia y un corazón noble. Nada tiene que ofrecer un hombre incapaz de lealtades y vínculos, pues nada ha comprendido acerca de su hominidad y del caràcter de eslabón contingente y humilde que constituye la ontología de si mismo.

Elegí escuchar a los poetas, fotógrafos del lenguaje de Dios, siervos de la eternidad, soldados de la belleza. El recuerdo de un verso ante los envites ruidosos de la 
plaza, de los débiles, ronroneo de lo prescindible
.

Elegí amar, derramar mi alma, abrasar de fe e incendiar todo aquello que de atomizado y miserablemente corriente latía en mi para alumbrar un horizonte de hijos, sacrificio, de vida, de sentido. Ser un medio y vivir el sueño … arriesgar.

Elegí unos valores eternos, para ser un hombre, renunciando a la monstruosidad líquida, informe e insulsa de una errática vida moderna, soberbia, mecánica, mezquina e inauténtica.

Elegí la Muerte como compañera, para tener una sonrisa sobria, un centro de gravedad hilvanado de verdad, conciencia de mi mismo y trascendencia.

Elegí el honor, porque somos lo que hacemos . Porque en la gravedad de los acontecimientos se desenmascaran las mediocridades, las imitaciones, y la grotesca impostura que acostumbra a ser la representación de tantas vidas a medias, de felicidad descafeinada y de pánico a la propia exposición. El honor me obliga a respirar lejos de la mediocridad.

Elegí la autoridad, porque me quiero hombre libre con seriedad y sin malabarismos intelectuales ni autocomplacientes, porque respondo de mi mismo.

Elegí, …. y lo hice porque en mi espejo no figura un puro agregado de química, volición, de sentimentalismo desamparado ni un miedo que mendiga narcóticos y utopías.

Yo elegí Ser.

El hombre y su peana – por Guillem Gual

Supongamos que a todo hombre, al morir, se le coloca en un vasto marco para ser observado por la eternidad. Se le condensa en una única posición de lo que su, ya penosa, ya exitosa, probablemente anónima, vida ha llegado a significar desde el foco de una objetividad imposible.

Supongamos también que el hombre conoce el destino que le espera; preguntémonos qué le preocupa en su inmortalización. ¿Es en la postura? Preferiría no estar sentado. ¿Es en el atuendo? Algún perverso estaría encantado de mostrar su desnudez al vacío. Tal vez sea la posición relativa que ocupa en la vitrina y le mortifique la posibilidad de estar en el fondo.

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Poesía para un nuevo orden

Recopilación lírico-intempestiva

Recopilación inédita de una hornada de autores confinados a la clandestinidad, a quienes aúna un mismo ímpetu de regeneración total del hombre, una reconstitución de sus sensibilidad, el recobro de su realidad espiritual, su dimensión heroica y la reivindicación de lo ético y lo estético en el epicentro de la existencia.

Con estas palabras de Xavi Rio se presenta esta breve, que no pequeña, compilación lírico-intempestiva de poesía y que reúne a diversos autores desconocidos de gran talento. Algunos autores son intempestivos de esta casa como un servido (Rubén Giménez) y Xavi Rio y otros son pequeños artesanos que hemos tenido el gusto de reunir en estas páginas. Tras Homenaje a W., este Poesía para un nuevo orden continúa la serie de libros digitales que pretendemos distribuir libremente en formato PDF para descargar y compartir.

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Hijo del delirio – por Rubén Giménez

Coche en llamas en el espacio

– ¡Me voy a pegar un tiro! – dice el protagonista de mi primera novela. – Voy a coger una pistola y me voy a disparar. Pero antes… – continua – me voy a llevar a unos cuantos por delante. Inmediatamente se levanta, coge una botella de bourbon y empieza a beber con desespero. Sigue leyendo

He aquí que cosas – por Iván Garcia

He aquí el mar dando ánimos a su hijo

Dali - Les chants de MaldororHabitaba en una esfera ajena al mundo, en la que vivía solo, sin deleites porque ya no tenía ilusiones, sin dolores porque ya no recordaba los placeres. Sentado en una peonza y pasados unos minutos, haciendo malabarismos para mantener el equilibrio, consiguió mantener la compostura. Justo en ese instante recibió un golpe seco y cóncavo, descubriendo que había puesto su vida, no en el corazón que se quiebra ni en los sentidos que se embotan, sino en el cerebro que no se gasta y sobrevive a todo. El pájaro cantor, tratando su cabeza como si de la rama de un árbol se tratarse, seguía paseando despreocupado. Finalmente decidió lanzarse al vuelo, pero reía sardónicamente como si el hombre fuera la comedia mas barata.

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Tauromaquía – Dios, patrimonio de la humanidad (III) – por Ángel Noguera

Se halla un documento intrahistórico que nos acerca al rancio provincianismo taurino. Corrobora el porqué de la tesis lorquiana: ”la tauromaquia es la riqueza poética y vital mayor de España, la fiesta más culta que existe en el mundo, de las pocas cosas serias que quedan, y el único lugar adonde se acude con la seguridad de ver la más deslumbradora belleza”.
El autor traduce a su antojo.

Aunque parecía que íbamos de cacería, lo absurdo de nuestro atuendo, afeminado y reluciente traje de cazador salvaje, no daba lugar a dudas, cualquiera que nos viera sabía que en realidad íbamos a vitorear mis nupcias, a despedirme a mí, Melios, de mi adolescencia. Había vivido demasiado para mi propia gloria y ahora necesitaba derramarme y devolver el don recibido. Sería el último día de batalla junto a los promachoi, los que luchan entre los adelantados (sólo el pronunciar esta palabra nos elevaba el pecho).

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Homenaje y asesinato – por Oriol Mora

UNO

Supe de la muerte de Oliver Molist un día de Agosto. Me acuerdo perfectamente del calor y la humedad que reinaba en Barcelona. Recuerdo bajar al metro y entrar en el vagón subterráneo de la línea púrpura. Había dormido poco, de forma inconstante y nerviosa. De esto, inexplicablemente, también me acuerdo.

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Recién atadas las botas – por Xavi Rio

Como cada madrugada sabatina, al compás del alba, obstinada su ilusión en las inminentes jornadas de montaña, y sedienta su piel de Cielo libre, él marchaba, cuando a muchos la pesadumbre, el sueño o el cansancio hacíalos presa del amanecer.

Él marchaba.
– El silencio del despertar es musicado con la percusión de la respiración alegre. Se cierra la puerta, de un golpe –

Mochila pesada a los hombros, como intrépido y autónomo caracol, y con estética descontextualizada -un joven madrugando porque si, y ataviado en pintoresca figura, arrogantemente fresco, y soñador en su expresión- en la frívola y anestesiante ciudad.

Alrededor de sus pasos, como un paseo triunfal, le asen su atención las excreciones todavía en circulación de la noche ociosa, religiosamente moderna, la noche culturalmente institucionalizada, con color de neón agonizante y aspecto de maquillaje corrido. Malos olores, la calle, su acera, malos modos, taradas muecas, la grosería propia que inviste a los simios del espíritu.

Observador caminaba, sin detenerse, no había sorpresa bajo la burbuja, y hay que caminar -se musitaba- para llegar, o para irse! Un gruñir perezoso, peyorativamente adolescente, era el compás de siempre, aliñado de un halo a ruina y a descalabro nihilista que apestaría irremisiblemente su paseo hasta tomar el acceso a la montaña. Ay…la montaña…un templo sin pilares, sin inscripciones, sin altar…un templo? Sin duda, pero véalo el que tenga ojos… En este su templo, la cultura era la del esfuerzo, y la estética la de la perfección, éstas anclaban en él, el diluvio estrellante de lo absoluto.

En este aliento previo que la ciudad le brindaba en el despegarse los párpados, él adivinaba intuitivamente la falsedad y bajeza en qué gravitaba, de un modo consentido y consensuado, el Régimen de su patria, con tal vaho de olor a dinero, de promesas anónimas y en minúscula, de pereza crónica…

Pero si bien sobrecogido y algo introspectivo, concluía toda vez en limpia sonrisa y con el pecho inflamado: Dios proveerá… La mañana del sábado ya estaba preñada de sol, tan cierto como que el gallo debía cantar, participando de una mañana que no le pertenece, pero por la que es.

Amanecer en la ciudad de México

Texto publicado originalmente en El Intempestivo #3

La eternidad no es para siempre – por Gerard Gual


Hubo un artista que se dibujó a sí mismo retratándose, y cada nueva escisión de éste se trazaba repetida en un continuo encadenamiento que acabó con la escasez de pintura. Las copias se deslustraron y la perpetuidad del proceso quedó zanjada con un retratista incoloro sostenido en el vacío, mostrando que, quizá, la eternidad no es para siempre.

Texto publicado originalmente en El Intempestivo #2