Los principados eclesiásticos

(…)Sólo nos resta discurrir sobre los principados eclesiásticos, respecto a los cuales todas las dificultades existen antes de poseerlos, pues se adquieren o por valor o por suerte, y se conservan sin el uno ni la otra, dado que se apoyan en antiguas instituciones religiosas que son tan potentes y de tal calidad, que mantienen a sus príncipes en el poder sea cual fuere el modo en que éstos procedan y vivan.

Estos son los únicos que tienen Estados y no los defienden; súbditos, y no los gobiernan. Y los Estados, a pesar de hallarse indefensos, no les son arrebatados, y los súbditos, a pesar de carecer de gobierno, no se preocupan, ni piensan, ni podrían sustraerse a su soberanía. Son, por consiguiente, los (únicos principados seguros y felices. Pero como están regidos por leyes superiores, inasequibles a la mente humana, y como han sido inspirados por el Señor, sería oficio de hombre presuntuoso y temerario el pretender hablar de ellos. (…)

– Encontrado en El Principe de Nicolas Maquiavelo

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Yo ya elegí …

 

Elegí la verdad, la belleza y la bondad , para no hacer de Dios un fantasma, para habitar la cuesta terrible y sublime de la vecindad de lo divino.

Elegí coronar con disciplina mis hábitos para amputar las ramificaciones burguesas que pudieran hacer de mi alma un esclavo de la felicidad, un ser desposeído de si mismo. Para permanecer en las trincheras inhóspitas y desiertas de los que libramos guerra abierta y franca a una vida hedonista.

Elegí un cuerpo fuerte para no traicionar a mi carácter, para recordar las asperezas qué como precio nos exige una vida de ser humano, de compromiso, de combate, de tensión irreemplazable.

Elegí la lealtad para honrar la amistad que brindo, y así tener una boca limpia y un corazón noble. Nada tiene que ofrecer un hombre incapaz de lealtades y vínculos, pues nada ha comprendido acerca de su hominidad y del caràcter de eslabón contingente y humilde que constituye la ontología de si mismo.

Elegí escuchar a los poetas, fotógrafos del lenguaje de Dios, siervos de la eternidad, soldados de la belleza. El recuerdo de un verso ante los envites ruidosos de la 
plaza, de los débiles, ronroneo de lo prescindible
.

Elegí amar, derramar mi alma, abrasar de fe e incendiar todo aquello que de atomizado y miserablemente corriente latía en mi para alumbrar un horizonte de hijos, sacrificio, de vida, de sentido. Ser un medio y vivir el sueño … arriesgar.

Elegí unos valores eternos, para ser un hombre, renunciando a la monstruosidad líquida, informe e insulsa de una errática vida moderna, soberbia, mecánica, mezquina e inauténtica.

Elegí la Muerte como compañera, para tener una sonrisa sobria, un centro de gravedad hilvanado de verdad, conciencia de mi mismo y trascendencia.

Elegí el honor, porque somos lo que hacemos . Porque en la gravedad de los acontecimientos se desenmascaran las mediocridades, las imitaciones, y la grotesca impostura que acostumbra a ser la representación de tantas vidas a medias, de felicidad descafeinada y de pánico a la propia exposición. El honor me obliga a respirar lejos de la mediocridad.

Elegí la autoridad, porque me quiero hombre libre con seriedad y sin malabarismos intelectuales ni autocomplacientes, porque respondo de mi mismo.

Elegí, …. y lo hice porque en mi espejo no figura un puro agregado de química, volición, de sentimentalismo desamparado ni un miedo que mendiga narcóticos y utopías.

Yo elegí Ser.

La inmersión

Burbujas en movimiento

La crisis económica y política a la que está sometido Occidente es la conclusión del proyecto iniciado con la aparición del Capitalismo a finales del siglo XVIII. España especialmente, y el resto de países europeos menos desarrollados industrialmente se ven por fin inmersos al cien por cien en la economía de mercado y en el nuevo orden simbólico monetario. La creación de la unión europea y sobre todo su aparente crisis de déficit es el máximo exponente del desplazamiento del núcleo de poder desde los estados soberanos al abstracto entramado de mercados financieros y organismos de gestión de la economía interestatal.

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Un poco de publicidad

Solo hace falta ver cinco minutos de publicidad para darse cuenta de algunos aspectos claves de nuestra sociedad homogeneizada y globalizada.

Se puede realizar un buen ejercicio de interpretación tras ver algunos anuncios publicitarios en televisión. En mitad del programa concurso, de esa película tan interesante o incluso en los telediarios, se pueden obtener lecciones magnificas de como funciona y como se estructura este conglomerado espectacular en el que estamos inmersos.

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Arquetipos del Nuevo Mundo

jungle

Tras vivir unos años en la arcadia del ladrillo y los créditos ilimitados, Europa se encuentra ahora en un territorio singularmente diferente. El páramo, o eso pretenden hacernos creer, vacío y desolado en los que nos hallamos, sustituye esa Jauja en la que hasta el último vástago del más pequeño campesino podía optar al sueño del chalet adosado, el coche y las vacaciones en el Caribe. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y nos hemos hipotecado un futuro brillante que parecía que no nos iba a alcanzar nunca. Somos culpables y debemos pagar con la deflagración y el castigo de la crisis. Peor aún, hemos de pagar con el no crecimiento económico y con el cilicio de los recortes.

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La imagen espectacular: una negación

Aunque revisado ahora este artículo se escribió originalmente en 2008. Es curioso comprobar como los nuevos medios envejecen mucho peor que los más antiguos y aparentemente obsoletos. El enlace al website referenciado País de mierda http://paisdemierda.org/ sigue activo pero empieza a verse algo desfasado. Además algunos de sus enlaces han dejado de funcionar y seguramente su objetivo haya sido cumplido.

Este breve texte solo pretende mostrar la imagen espectacular desnudada. Se han escogido dos obras contradictorias, y hasta cierto punto opuestas en su propósito, para demostrar la imposibilidad metafísica que se oculta tras el mecanismo espectacular.

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Ser personas; devenir civilización

“Una civilización es en primer lugar una respuesta metafísica a un llamado metafísico, una aventura del orden eterno, propuesta a cada hombre en la soledad de su elección y de su responsabilidad”

Observamos que para Mounier, pensador cristiano que se tomó muy en serio el asunto de la trascendencia, la civilización era otra cosa muy distinta a una determinada suma de bienes materiales y culturales puestos a disposición de un grupo social dado. En la despersonalización de la civilización ubicó la crisis de ésta, en ser mero agregado de individuos en vez de  una comunidad. ¿Y qué es esto de personalizar? La persona es el centro invisible en que todo se úne, el punto de partida de un ser que se da, en cuyo darse se posibilita la comunidad, dónde la propia apertura es creación. Los individuos no pueden constituir más que estados, la persona es un devenir trágico portador empero de esperanza y puede tramar un tejido comunitario, fundamentado y dignificado desde lo atemporal. Contrariamente a Sartre, Mounier no hace de la libertad el ser de la persona. Así escribe que no somos libres más que en la medida en que no somos enteramente libres pues la libertad personalista no es la libertad arbitraria y sedicente absoluta del individuo sino que se cumple en el seno de la comunidad. Es interesante rescatar de sus reflexiones el modo en que piensa el ser de la persona, formulado desde un existencialismo de la esperanza u optimismo trágico como lo han bautizado algunos autores : El ser sólo es Dios, y la persona es concebida como el movimiento hacia el ser, y consiste en el ser a que apunta. El individuo enajenado rehuye y renuncia con ello a su plenitud, a su dignidad, haciendo de su existencia una vida inauténtica.

Bibliografía: L’ affrontement crètien, Manifeste au Service du Personnalisme de Mounnier, E.   Filosofía cristiana de la existencia, de Lepp, Ignace.

Recién atadas las botas – por Xavi Rio

Como cada madrugada sabatina, al compás del alba, obstinada su ilusión en las inminentes jornadas de montaña, y sedienta su piel de Cielo libre, él marchaba, cuando a muchos la pesadumbre, el sueño o el cansancio hacíalos presa del amanecer.

Él marchaba.
– El silencio del despertar es musicado con la percusión de la respiración alegre. Se cierra la puerta, de un golpe –

Mochila pesada a los hombros, como intrépido y autónomo caracol, y con estética descontextualizada -un joven madrugando porque si, y ataviado en pintoresca figura, arrogantemente fresco, y soñador en su expresión- en la frívola y anestesiante ciudad.

Alrededor de sus pasos, como un paseo triunfal, le asen su atención las excreciones todavía en circulación de la noche ociosa, religiosamente moderna, la noche culturalmente institucionalizada, con color de neón agonizante y aspecto de maquillaje corrido. Malos olores, la calle, su acera, malos modos, taradas muecas, la grosería propia que inviste a los simios del espíritu.

Observador caminaba, sin detenerse, no había sorpresa bajo la burbuja, y hay que caminar -se musitaba- para llegar, o para irse! Un gruñir perezoso, peyorativamente adolescente, era el compás de siempre, aliñado de un halo a ruina y a descalabro nihilista que apestaría irremisiblemente su paseo hasta tomar el acceso a la montaña. Ay…la montaña…un templo sin pilares, sin inscripciones, sin altar…un templo? Sin duda, pero véalo el que tenga ojos… En este su templo, la cultura era la del esfuerzo, y la estética la de la perfección, éstas anclaban en él, el diluvio estrellante de lo absoluto.

En este aliento previo que la ciudad le brindaba en el despegarse los párpados, él adivinaba intuitivamente la falsedad y bajeza en qué gravitaba, de un modo consentido y consensuado, el Régimen de su patria, con tal vaho de olor a dinero, de promesas anónimas y en minúscula, de pereza crónica…

Pero si bien sobrecogido y algo introspectivo, concluía toda vez en limpia sonrisa y con el pecho inflamado: Dios proveerá… La mañana del sábado ya estaba preñada de sol, tan cierto como que el gallo debía cantar, participando de una mañana que no le pertenece, pero por la que es.

Amanecer en la ciudad de México

Texto publicado originalmente en El Intempestivo #3

Crítica de rebajas

¡Consuma su particular ración de crítica al sistema! Siéntase un individuo crítico y racionalmente autónomo capaz de cuestionar al mismísimo capitalismo. Hágase pasar por un intelectual en las charlas de café socavando los cimientos del par liberalismo-democracia. Compre el pack de documentales “Crítica al capital” y obtendrá, ¡absolutamente gratis!, una guía de bolsillo  completa con argumentos posmodernos con la que conseguirá que sus amigos más rancios se conviertan en auténticos escépticos.

 Ni que decir tiene que una de las cosas más inteligentes que ha conseguido el capitalismo para perpetuar su supervivencia ha sido  hacer que los responsables de la barbarie sean entes abstractos, espectros no identificables. Parece que no hay nadie a quien guillotinar, nadie contra quien sublevarse, ni alternativa por la que luchar o morir. Ciertamente incluso la posibilidad de criticarlo se ha hecho abstracta y así su razón de ser se disuelve “como lágrimas en la lluvia”. Una de las últimas grandes reformulaciones del capitalismo se cimentó junto a una crítica que pedía lo imposible y suspiraba por la imaginación al poder: eslóganes publicitarios. Una vez disuelta la crítica, ya pueden venir mineros ingleses a pelear contra Thatcher, el pescado está vendido.

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La diferencia y el poder

Las culturas son el patrimonio por excelencia de la humanidad, pues ellas arman al hombre para responder en el combate que cada existencia supone.

Es algo propio de la hominidad la divergencia y su diferenciación en las respuestas culturales. Por ello aculturizar a los hombres, homogeneizar sus horizontes de sentido, no es otra cosa que deshumanizarlos y despojarlos de fuerza ante la aventura de vivir.

El orden mundial vigente-en correspondencia a su lógica del ultra liberalismo socio/cultural/político – sobrevive y se perpetúa en la medida en que aísla, disgrega y distrae de forma gregaria y autómata a los hombres y mujeres de cada patria.

El razonamiento del Poder es algo así como que nada mejor para blindar una jaula que dotar a los presos de micromundos apodados libres y alimentar en éstos la fobia a lo social, a lo propio, a lo local, a lo nacional.