Alcohol: El arte de pimplar

Primer tiento

Puesto que el blog intempestivo parece un mausoleo de citas y nostalgia descompuesta (culpa de la inactividad forzada por el calor, el trabajo, la contemplación de la esfera de las fijas y el estudio de las prácticas agropecuarias en la República del Kiribati), me he propuesto exponer de forma clara y ecuánime los beneficios espirituales y físicos que aporta la ingesta de alcohol al hombre de bien. No pretende ser un ensayo de vulgar sarcasmo ni una provocación vacua; pese a las anécdotas, zumbas o comentarios deliberadamente jocosos que puedan ser escritos con tal de agilizar y hacer más amena la lectura, debe tomarse ésta con la seriedad justa, pues demanda atender sin prejuicios, con la mente desembotada y la mirada del librepensador que huye de tópicos y convencionalismos. A fin de cuentas, el alegato aspira a semejar una de esas cogorzas en las que parranda y cavilación se unen para deleite de Dionisos.

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