La dispersión o el comienzo del fin

Hacia finales del siglo XVIII comienzan las artes a separarse unas de otras, siendo así, que los diversos dominios aspiran a ser autónomos.

Opina Hans Sedlmayr que no es posible aislar las artes sin degenerarlas, pues se particulariza la parte legitimando universalidad en su pretensión de totalidad.  Cuando acontece esta escisión en disparidades autónomas y diferenciadas, ocurre en consecuencia una fractura de sentido en el estilo, al desvanecerse y  en ser incinerada aquella correspondencia con la unidad,  la propiedad de lo total.
Este suceso, de progresiva y creciente exageración pareja a los años que se seguirán del citado siglo XVIII, testimonia ya  un modo distinto de relación con el mundo, y un territorio desplazado en la responsabilidad, tareas y posibilidades del hombre. La proclamación de aquella autonomía, es el preludio de la pérdida de la esencia.

En circunstancias tales, el hombre mismo pierde su razón de ser  que participa de una trascendencia, en tanto que vuelve su espalda a Dios y concentra su orgullo humano en esta glorificación del límite.

Hacia finales del siglo XVIII comienzan las artes a separarse unas de otras, siendo así que los diversos dominios aspiran a ser autónomos. Este suceso, de progresiva y creciente exageración pareja a los años que se seguirán, testimonia y es a la par, un modo distinto de relación con el mundo, y un territorio desplazado  en la responsabilidad, tareas y posibilidades del hombre. La proclamación de aquella autonomía, es el preludio de la pérdida de la esencia.

Y ello no es sino decir que el hombre mismo, pierde su razón de ser en tanto que partícipe de una trascendencia, en tanto que vuelve su espalda a Dios y concentra su orgullo humano en esta glorificación del límite.

El S.XVIII es un convulso periodo que marca sin duda los orígenes de la época contemporanea. En lo artístico se manifestarán una serie de movimientos y tendencias- del Rococó al Neoclasicismo- con la tónica común y mismo denominador de que no hay principios universales sino visiones subjetivas. Por otro lado el arte traspasa ya fronteras, volviéndose por ende más internacional. Aparecen los museos, qué por otra parte perpetuarán con su realidad e idiosincrasia esta separación de la totalidad y unidad artística. Los museos implican un modo de mirar al arte, y verlo desde la separación de lo que primitivamente no era sino parte de un conjunto, desglosándose -para perjuicio del arte- en “qués, contenidos y formas”.

Obviar e ignorar la interdependencia de las artes, comportará una impotencia correlativa en la tarea de corresponder y asignar sentido, precisión y necesidad a imágenes, temas y obras, así como supone tambien desproveerlas de su realidad histórica. En este pulso el carácter formal doblega entonces al significado espiritual de la obra, “cientificándose” en este caso a las composiciones iconográficas.

Esta ciencia de los fragmentos supone en su premisa ya, el mayúsculo olvido del sentido representativo de las obras.

Nota:  Para más información remito a la consulta bibliográfica de la obra ” El arte descentrado ” de Hans  Sedlmayer

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