Infinitos universos ignotos – por Oriol Mora

Abro la puerta y empiezo a bajar escaleras, aunque podría estar subiéndolas, cayéndome. También podría permanecer en el rellano. Casi eternamente. Seguramente podría silbar, o recitar algún proverbio inventado, algo así como: “Sed bienaventurados, vosotros, aquellos a quienes las armas no doblan el espíritu y se mantienen perennes al pie de las grandes rocas, pues el destino lo escribís con mano férrea.” Podría ser el personaje de algún libro, o ser el amigo de éste. Podría también ser el autor y mecanógrafo, o borra lo primero. Podría ser inflexible; esto estaría muy bien pero poco inteligente. Me importaría todo, aunque muy poco, y ganaría amistad y dinero. Si quisiera vagaría por la ciudad recorriéndola hambriento y ebrio de verdad, masticando virutas de madera. Mi cabeza sería un receptáculo inerte dónde se desarrollarían las más perfectas obras carentes de significación. Podría ser todo esto a la vez o podría, simplemente, observar el tráfico por la ventana, como haría un verdadero superhombre.

Si tuviera suerte, alguna vez, sería testigo de un accidente.

Texto publicado originalmente en El Intempestivo #2

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