Déjà vu

Abandonado a su paseo nocturno, alzó la vista y advirtió cómo una roca se precipitaba sobre su cabeza. No le bastó con morir una sola vez. En el momento del impacto recordó que antes ya había visto ese pedrusco despeñarse de la bóveda estrellada. Y en el recuerdo, lo volvía a divisar cayendo hacia su cráneo.

Ahora es prisionero del eterno retorno; la muerte lo devuelve a ella y expira a cada instante.