El hombre y su peana – por Guillem Gual

Supongamos que a todo hombre, al morir, se le coloca en un vasto marco para ser observado por la eternidad. Se le condensa en una única posición de lo que su, ya penosa, ya exitosa, probablemente anónima, vida ha llegado a significar desde el foco de una objetividad imposible.

Supongamos también que el hombre conoce el destino que le espera; preguntémonos qué le preocupa en su inmortalización. ¿Es en la postura? Preferiría no estar sentado. ¿Es en el atuendo? Algún perverso estaría encantado de mostrar su desnudez al vacío. Tal vez sea la posición relativa que ocupa en la vitrina y le mortifique la posibilidad de estar en el fondo.

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La eternidad no es para siempre – por Gerard Gual


Hubo un artista que se dibujó a sí mismo retratándose, y cada nueva escisión de éste se trazaba repetida en un continuo encadenamiento que acabó con la escasez de pintura. Las copias se deslustraron y la perpetuidad del proceso quedó zanjada con un retratista incoloro sostenido en el vacío, mostrando que, quizá, la eternidad no es para siempre.

Texto publicado originalmente en El Intempestivo #2