Los emboscados

Entre la nave y el bosque, el hombre libre ha de elegir. ¿Es preciso emboscarse y ser proscrito o seguir en la mentira de la seguridad?

Llamamos Emboscado a quien, privado de patria por el gran proceso y transformado por él en un individuo aislado, acaba viéndose entregado al aniquilamiento. Este destino podría ser el destino de muchos y aun el de todos – no es posible dejar de añadir, por tanto, una precisión. Y esta consiste en lo siguiente: el emboscado está decidido a ofrecer resistencia y se propone llevar adelante la lucha, una lucha que acaso carezca de perspectivas. Un emboscado es, pues, quien posee una relación originaría con la libertad; vista en el plano temporal, esa relación se exterioriza en el hecho de que el emboscado piensa oponerse al automatismo y piensa no sacar la consecuencia ética de éste, a saber, el fatalismo.

-Rescatado de La emboscadura de Ernst Jünger. Tusquets Editores

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Otra de Júnger

Vimos cómo los elementos devoraban la cosecha de muchos años de trabajo; también nuestra obra se hundía en el polvo, junto con la casa. Pero en la Tierra no nos es lícito contar con terminar nada, y afortunado puede ser llamado el hombre cuya voluntad no vive con demasiado dolor en sus afanes. No se edifica ninguna casa ni se crea ningún plan en que no figure como primera piedra su ruina, y lo que en nosotros vive de imperecedero no es en nuestras obras donde reside.

– Encontrado en Sobre los acantilados de mármol, de Ernst Jünger