Homenaje y asesinato – por Oriol Mora

UNO

Supe de la muerte de Oliver Molist un día de Agosto. Me acuerdo perfectamente del calor y la humedad que reinaba en Barcelona. Recuerdo bajar al metro y entrar en el vagón subterráneo de la línea púrpura. Había dormido poco, de forma inconstante y nerviosa. De esto, inexplicablemente, también me acuerdo.

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