La omisión y el sacrificio

BuddhaEl Buddha se distinguió de quienes lo habían precedido por el uso de la omisión y de la sustitución. No dijo una palabra contra el sacrificio (ni contra las castas, que derivan de éste). Pero si observamos el lugar que la palabra “sacrificio” ocupa en sus discursos, constatamos que es mínimo. Antes de él, era inmenso. Parece como si la prolijidad de los textos buddhistas quisiera exaltar esa omisión, como si se propusiera ocupar todo el espacio disponible para quitar a esa palabra silenciada todos los escondrijos posibles.

El Buddha se explicaba principalmente por contraste. La más fuerte de sus negaciones fue la omisión. No consentía que se nombrara aquello que cada nuevo día era evocado y reiterado, en un murmullo fino como el polvo, que todo lo invadía. No hablar del sacrificio fue para el Buddha como ignorar el aire que respiraba, el suelo que pisaba. En una tierra donde cada hoja temblorosa era un cita, el Buddha se abstenía de las citas.

(…)

Pero las rebeliones más aventuradas, más devastadoras, nacen cuando alguien decide ignorar los sobreentendidos.

– Encontrado en Ka, de Roberto Calasso

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Tauromaquía – Dios, patrimonio de la humanidad (III) – por Ángel Noguera

Se halla un documento intrahistórico que nos acerca al rancio provincianismo taurino. Corrobora el porqué de la tesis lorquiana: ”la tauromaquia es la riqueza poética y vital mayor de España, la fiesta más culta que existe en el mundo, de las pocas cosas serias que quedan, y el único lugar adonde se acude con la seguridad de ver la más deslumbradora belleza”.
El autor traduce a su antojo.

Aunque parecía que íbamos de cacería, lo absurdo de nuestro atuendo, afeminado y reluciente traje de cazador salvaje, no daba lugar a dudas, cualquiera que nos viera sabía que en realidad íbamos a vitorear mis nupcias, a despedirme a mí, Melios, de mi adolescencia. Había vivido demasiado para mi propia gloria y ahora necesitaba derramarme y devolver el don recibido. Sería el último día de batalla junto a los promachoi, los que luchan entre los adelantados (sólo el pronunciar esta palabra nos elevaba el pecho).

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