Pedir perdón

Por todas las guerras, conflictos y asesinatos que han ocurrido a lo largo de la historia pido perdón.

Pido perdón por llevar las cruzadas a Jerusalem y pretender recuperar Tierra Santa para el cristianismo.

Pido perdón por esclavizar y masacrar a millones de indios en toda Latinoamérica desde que descubrimos el continente, nosotros los europeos. También pido perdón por descubrir algo que ya existía y al que nombré y legislé sin consentimiento de sus legítimos dueños.

Por la locura nazi y el fanatismo desenfrenado de todos los fascismos que provocaron el mayor conflicto armado de la historia en la Europa de los cuarenta. Es evidente que también pido perdón por las muertes de todos los judíos, homosexuales, gitanos y comunistas que perecieron en los campos de concentración y exterminio. Lo mismo digo de todos los soldados que dieron sus vidas por la libertad y la democracia en el desembarco de Normandía así como los que defendieron la soberanía de la Unión Soviética en la operación Barbarroja. Creo necesario incluso pedir perdón por los pobres soldados alemanes que fueron engañados por ideas trascendentales y que murieron por creer en un demente y en una idea deformada y enferma del mundo.

Pido perdón por las matanzas en el Zaire en los noventa. Y por la brutalidad con la que el imperialismo, del cual también soy culpable, desplegó su poder en el Congo Belga y en toda el África. Leopoldo II, por tus crímenes execrables también pido perdón

Pido perdón por todas las mujeres violadas, torturadas y asesinadas en Ciudad Juarez durante más de quince años.

Pido perdón por que he votado junto con mi pueblo, soberano y nacional, el prohibir los minaretes en las mezquitas de Suiza.

Pido perdón por las innumerables veces que he comido, masticado y saboreado la carne de los animales. Su sangre, sus vísceras y su sagrado espíritu martirizado han sido deglutidos, asimilados y, finalmente, excretados por mi inmisericorde cuerpo. Pido perdón porque ellos no nos hubieran torturado antes de hacernos lo mismo.

Por no creer en la Ilustración, ni en la revolución francesa, ni tampoco creer en el progreso humano ni, y esto es lo que más lamento, no creer en la democracia, también pido perdón.

Pido perdón por no pensar que las corridas de toros son cosas de locos psicópatas y por querer creer que pueda existir arte en el sublime triunfo de la sangre y la muerte.

Por último pido perdón por escribir un texto tan cínico y cobarde que atenta contra la idea fundamental de la dignidad y la igualdad natural de todos los seres humanos. Y aún así pido perdón por la ausencia de sentimiento de culpa.

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